Elliot estuvo gordito porque mi suegra, que en aquel entonces, vivía justo en la puerta de enfrente, le daba tres trozos de salchichón diarios.
En cuánto nos mudamos a la nueva casa y se terminaron los salchichones, ha vuelto a un peso normal, haciendo el mismo ejercicio y comiendo el mismo pienso.
Sookie ha engordado... 1 kg en un año, dudo que sea por la castración, estamos hablando de un año para engordar un mísero kg (teniendo en cuenta que estaba demasiado delgada... pues ni tan mal).
Elliot sigue teniendo mucho carácter, es un perro dominante, con las ideas muy claras y los huevos virtuales muy bien puestos y, aunque en casa es muy tranquilo, en la calle es pura energía. Nunca se cansa, por muy largo que sea el camino o difícil, nunca se tumba a descansar, como sí lo hacen otros perros.
Y Sookie... ¡¡ojalá la castración la hubiera calmado!! ¡¡Pero no!! Sigue tan corrupiosa como siempre, más obediente, eso sí, pero ha sido gracias al adiestramiento, no por la castración.
Ventajas, todas, inconvenientes... por la experiencia con mis perros y la de los perros de la pandi de Málaga Perruna... ninguno.
Por cierto, felicidades a Ruso por conseguir quedarse en su casa
