No sé si os había hablado de Boris: es (era) el perro de mi hermana, un boxer blanco imponente, de cinco años, hermano de Sira y tío de Chico. La nobleza hecha carne. Lo más bueno que te puedes echar en cara. Y por desgracia, con una cardiopatía severa.
Este era él cuando llegó Chico a casa: fue la mejor niñera que podría haber encontrado (mi hermana y yo vivimos pared con pared, y Boris cuidó de Chico con auténtico esmero cuando Chico era un cachorrín).


Esta tarde se nos ha ido para siempre. La inconsciencia de unos niños que no han pensado que el perro no podía jugar con ellos a las cuatro de la tarde, y el afán de ese enorme buenazo por no desilusionarlos, le han provocado un fallo cardiaco que no ha podido superar. En cuanto mi hermana ha llegado a casa y nos hemos dado cuenta hemos salido corriendo con él hacia el veterinario, pero no nos ha dado tiempo a llegar: ha muerto por el camino.
No puedo parar de llorar. Me duele tanto como si fuera uno de los míos. Bueno, de hecho era como uno de los míos.
Descansa en paz, alma noble. No te olvidaremos
