No fuiste la cachorrilla cariñosa que esperaba, eras posesiva y domimantona. Aunque incansable a la hora de jugar y obediente en lo demás.
Así empezó nuestro viaje en común, tuve que aprender a educarte y tú a confiar en mi.
Conseguiste ganarte el afecto del abuelo, que no te quería en casa, pero ahora eres su princesa.

Debo darte las gracias por muchas cosas, la primera por obligar a salir cada día al abuelo para pasear y sacarle una sonrisa diaria a la abuela.
La segunda por entregarme tu amor incondicional.
Y la tercera, pero habría muchas más, por crecer juntas. Te has convertido en una pequeña adorable y cariñosa que me sorprende cada día y lista como tú sola.
Sólo me queda decirte que te quiero y espero celebrar muchos más cumpleaños juntas.
