Decirte adiós y aprender a vivir sin ti, es la cosa más dura que he hecho.
Te has llevado una parte de mi corazón y siempre sentiré un vacío por tu ausencia.
Puede que fueras una ratilla, pero llenabas mi vida.
Siempre decía que eras una petarda, pero ambas sabemos que eras mi tesoro y mi amor.
Fuiste un sueño hecho realidad, aunque diferente de lo que había pensado, porque nadie puede imaginarse ese amor puro y desinteresado, no eras una perra si no familia, amiga y cómplice.
Cometí muchos errores de novata y te pido perdón por todos ellos.
Eras increíblemente inteligente y observadora, disfrutabas de los paseos cuando toda tu manada salía contigo, si no volvías corriendo para tenerla otra vez junta.
Podías tener espacio más que de sobra en el sofá para ponerte cómoda, pero preferías ponerte encima de un humano o bien pegada, daba igual la época del año.
Siempre debías estar junto a tu familia, ya no me rascas para que te coja en brazos o te dé más comida, ni te giras para mirarme a los ojos.
Son demasiados gestos o costumbres del día a día, algunos insignificantes, pero que ya no volverán a producirse y los extraño todos.
Fuiste un amor (nadie da lametones tan concienzudamente), una luchadora, una gruñona, una comilona y mi compañera de vida durante 13 años.
Quiero agradecerte todo el amor recibido, tu alegría, los momentos vividos y los amigos dados.
Te quiero gordi y eso nunca cambiará.

Belinda 15/05/05 - 15/09/18