Son apenas ocho días sin ti y no puedo hacerme aún a la idea, me duele, me duele mucho pensar que no estás conmigo, no se como se siente la pérdida de un hijo porque gracias a Dios no la tuve, pero creo que se debe de parecer bastante a lo que estoy pasando, es una angustia infinita, un dolor que llega de lo más profundo del corazón.
Se que llevabas mucho tiempo con tus achaquitos, que ya no eras la misma perrita que jugaba, saltaba, corría… y ladraba, también ladraba mucho… que todo hay que decirlo, ahora ya eras una sombra de lo que fuiste, pero no me importaba, estabas conmigo, me hacías compañía y me dabas trabajo, mucho trabajo limpiando el pis por toda la cocina y a veces por otros sitios, pero no me importaba, comprendía tu incontinencia porque siempre fuiste una perrita muy limpia, si no podías ir a la calle ibas a tu arena y no hacías nada fuera, así que comprendía que eran los años y las pastillas diuréticas que tomabas para tu corazoncito.
Las comidas tampoco las hacía tranquila porque siempre te daba algo, sobre todo para poder darte las pastillas ¡que mal las tomabas y que trabajo pasaba! pero ojalá siguieras aquí dándome ese trabajo, no me importaría lo más mínimo con tal de tenerte y seguir cuidando de ti.
Se que cuando te durmieron ya estabas casi dormidita, aún te estoy viendo en la jaula de la clínica, cuando llegamos Diego y yo, allí tumbadita al fondo y te llamé, te llamé hasta que viniste a junto de mi y apoyaste la cabecita en mi hombro, me arrepiento de no haberte cogido en brazos, no se porque no lo hice, te vi tan frágil…sólo pude acariciar tu cabecita y hablarte… luego te diste media vuelta y te tumbaste para no volver a levantarte ya. Se que estuviste esperando para despedirte de mi y es algo que te agradezco.
Perdóname que te dejara las últimas horas en la clínica pero era para agotar la más pequeña posibilidad de que pudieras recuperarte un poquito, aunque en el fondo de mi corazón algo me decía que no iba a ser así, pero no quise desaprovechar cualquier oportunidad que fuera para poder salvarte.
Me queda el consuelo de saber que tuviste una vida feliz con nosotros, jamás te faltó de nada y fuiste nuestra niña mimada y se que ahora estás en el Paraíso del Arco Iris esperando por mi, se que nunca me olvidarás como yo tampoco te olvidaré a ti.
Te quiero mi niña, mi perrita del alma, mi Chispa.
