Nos está resultando muy difícil asumirlo. Sabíamos que era un perro enfermo, y que esto podía pasar. De hecho, mi hermana siempre decía: "Boris no va a vivir mucho". Pero que al final pasara así, de una manera tan absurda... Y la impotencia de ver cómo el perro se te va de entre las manos sin que puedas hacer nada... Cuesta digerirlo. Y la casa se ve tan vacía sin él.

Pero bueno, estamos siendo positivos, y hoy nos hemos puesto manos a la obra y nos hemos dedicado a buscar otro boxer blanco para regalárselo a mi hermana. Y hemos encontrado uno. El domingo vamos a ir a verlo y, si nos convence, nos lo traemos. Nunca sustituirá a nuestro SuperBoris --porque era único, irrepetible e insustituible--, pero por lo menos será un consuelo.
Ahora va a ser Chico quien va a tener que hacer de niñera: espero que sea capaz de ser con el nuevo peque la mitad de buena niñera que Boris --mi gran "niñera blanca", como lo llamaba yo cuando Chico era pequeñín-- fue con él.
Fue un perro superlativo en todos los sentidos. Nos enseñó el significado de las palabras "nobleza" y "bondad", y va a estar siempre en mi corazón.


